En un artículo exclusivo para Gaming Americas, Udo Seckelmann, socio de Bichara e Motta Advogados, analiza cómo el mercado brasileño de iGaming ha entrado en una nueva fase de madurez tras el BiS SiGMA South America 2026.
Dejando atrás las expectativas regulatorias, la industria ahora enfrenta presiones reales a nivel operativo, político y económico, lo que plantea interrogantes clave sobre la sostenibilidad, la fiscalización y el equilibrio entre crecimiento y protección del consumidor en uno de los mercados de apuestas más dinámicos del mundo.
En un artículo exclusivo para Gaming Americas, Udo Seckelmann, socio de Bichara e Motta Advogados, analiza cómo el mercado brasileño de iGaming ha entrado en una nueva fase de madurez tras el BiS SiGMA South America 2026. Dejando atrás las expectativas regulatorias, la industria ahora enfrenta presiones operativas, políticas y económicas reales, lo que plantea preguntas críticas sobre sostenibilidad, aplicación normativa y el equilibrio entre crecimiento y protección del consumidor en uno de los mercados de apuestas más dinámicos del mundo.
BiS SiGMA 2026 dejó en claro que la conversación en torno al sector de apuestas en Brasil ha cambiado de forma fundamental. La industria ya no se discute como una oportunidad futura moldeada por expectativas regulatorias, sino como un ecosistema en funcionamiento sujeto a presiones del mundo real. Con el marco regulatorio en vigor y operadores activos, el foco se ha desplazado hacia cómo se comporta realmente el mercado bajo regulación y en qué puntos ese marco está siendo puesto a prueba.
Este cambio fue evidente tanto en la calidad de las discusiones como en el perfil de los participantes. En ediciones anteriores, gran parte del debate se centraba en el marco regulatorio ideal, la tributación y las estrategias de entrada al mercado. En 2026, el foco se trasladó hacia temas más sofisticados y, en muchos sentidos, más desafiantes: implementación regulatoria, fiscalización y el equilibrio entre crecimiento y protección del consumidor.
Un elemento adicional que permeó muchas de las discusiones fue el reciente endurecimiento del discurso político hacia el sector. Declaraciones del Presidente que sugieren la posible eliminación del mercado regulado de apuestas, así como iniciativas en el Congreso orientadas a restringir de forma amplia la publicidad del sector, revelan preocupaciones legítimas sobre externalidades negativas, pero también un riesgo concreto de que la política pública se diseñe de forma desconectada de la nueva realidad regulatoria.
La crítica aquí no se dirige a la preocupación por la protección del consumidor, que es sin duda esencial, sino a la forma en que se ha llevado a cabo este debate. Medidas prohibitivas o excesivamente restrictivas, particularmente en el ámbito de la publicidad, tienden a producir efectos adversos ya observados en otras jurisdicciones: menor capacidad de canalización hacia el mercado regulado, fortalecimiento de operadores ilegales y debilitamiento de los propios mecanismos de protección al consumidor.
En este contexto, la publicidad no debe ser vista únicamente como un factor de riesgo, sino también como una herramienta de política pública. Es a través de la publicidad que los operadores licenciados pueden diferenciarse de entidades no reguladas, comunicar prácticas de juego responsable y operar dentro de parámetros auditables. Las restricciones desproporcionadas, en la práctica, reducen la visibilidad de quienes están sujetos a regulación, al tiempo que amplían el espacio para quienes operan fuera de ella.
Además, la inestabilidad del discurso político, especialmente cuando coquetea con escenarios de prohibición tras años de esfuerzos para estructurar un mercado regulado, genera una importante inseguridad jurídica. Las inversiones realizadas bajo un marco regulatorio reciente son reevaluadas, los costos de cumplimiento aumentan y el apetito de nuevos entrantes tiende a disminuir. En última instancia, esto afecta no solo el desarrollo del sector, sino también la recaudación del gobierno y los objetivos regulatorios originales perseguidos por el Estado.
Otro tema clave discutido durante el evento fue el impacto del aumento de la carga impositiva, particularmente tras el incremento del Gaming Tax, sobre la competitividad del mercado regulado. Existe una preocupación legítima de que un entorno excesivamente gravoso, combinado con fuertes restricciones publicitarias, pueda generar un escenario económicamente inviable para los operadores licenciados, incentivando nuevamente la migración hacia el mercado no regulado.
Otro punto destacado del evento fue el debate en torno al rol de los intermediarios tecnológicos, incluidos los market makers en segmentos emergentes como los prediction markets. La expansión de estos modelos plantea importantes interrogantes regulatorios: en qué medida los marcos existentes son suficientes para acomodar estas innovaciones y cuándo será necesario avanzar hacia regímenes regulatorios específicos, posiblemente bajo la supervisión de autoridades como el regulador del mercado de valores.
Una comparación con ediciones anteriores de BiS SiGMA demuestra claramente la creciente madurez del sector. Si Brasil alguna vez fue visto como una gran promesa, hoy es una realidad compleja que requiere ajustes finos y coordinación institucional. La agenda ha pasado de la apertura del mercado a la gobernanza, ahora bajo un escrutinio político y social mucho más intenso.
Por último, un aspecto que merece especial atención es la creciente profesionalización de todos los actores involucrados. Operadores, reguladores, proveedores de servicios e incluso el debate público han evolucionado significativamente. Hoy existe una comprensión más clara de que el éxito del mercado brasileño depende de su credibilidad y de su sostenibilidad a largo plazo.
Udo Seckelmann
Socio del área de Gambling & Crypto en Bichara e Motta Advogados


